El Síndrome del Impostor. Por Abigail Rangel.

¿Te cuesta trabajo recibir elogios sobre tus capacidades y logros? ¿Crees que no eres tan capaz o inteligente como muchos te dicen que eres? Seguro piensas que varios de estos éxitos fueron más por buena suerte o que cualquier otro pudo haberlo hecho mejor….bueno, pues aquí te explico un poco lo que te pasa. Hablamos del síndrome del impostor. El término fue acotado por Pauline Clance y Suzanne Imes alrededor de 1978, notaron este patrón de comportamiento en muchas mujeres e hicieron diversos estudios para entender este fenómeno psicológico. 

Este tipo de experiencia se caracteriza por una idea y vivencia de no ser lo suficientemente bueno en lo que hace, llegando a vivirse como un impostor o fraude o que otros ven en nosotros habilidades y características positivas que no terminamos de creer que tenemos. Mujeres como Michelle Obama, el CEO de Starbucks o la actriz Kate Winslet saben lo que es experimentar esta trampa mental. Según la Dra. Valerie Young, el Síndrome del impostor aparece de dos formas, una que desaparece con el tiempo y la experiencia, por ejemplo, ante un nuevo reto o puesto de trabajo, y otra más grave, que empeora con el tiempo (Sánchez, 2017).

El primer tipo tiene que ver con situaciones de vida que naturalmente implican un reto, donde temporalmente podemos sentir que no vamos a poder con eso o que no estamos suficientemente preparados, pero conforme avanza el reto, o la experiencia de vida, nos damos cuenta que era más una idea que una realidad, la tensión e inseguridad se resuelve al poco tiempo. Sin embargo, en el segundo caso, puede volverse un estado de vida, donde la duda sobre nosotros mismos y nuestra capacidad se hace crónica, imaginamos que somos una constante farsa, no logramos aceptar e integrar las cualidades y reconocimiento que otros hacen de nosotros o que han sido palpables en otros de nuestros logros y éxitos pasados, y al paralizarnos o ser demasiado perfeccionistas, alimentamos al monstruo, pues sí, al estar tan desgastados siendo perfeccionistas o paralizados para no fallar, terminamos no logrando nada o limitando nuestro potencial.  

Puede haber muchas consecuencias desfavorables como el dejar ir mejores oportunidades laborales o personales, incluso de pareja, por no creerse capaz o no admitir las propias cualidades, a pesar de lo que dicen los hechos, el propio currículum u otras personas. Otra forma en que podemos notar este síndrome es en ese conocido hábito de llenarnos de exceso de trabajo como un intento de demostrarnos o demostrar a otros “que somos capaces o dignos (y piénsalo bien en el fondo queremos demostrar que somos dignos de amor y de reconocimiento). Como imaginarás, esto se vuelve un factor detonante de ansiedad y estrés crónicos. ¿Te han dicho perfeccionista o autoexigente? Bueno, ya sabes qué puede estarte pasando. 

Y qué decir de esas creencias falsas e idealizadas que nos hacemos sobre los otros que nos llevan a sentirnos impostores e insuficientes. ¡Y, vaya que vivimos en la era perfecta para llenarnos la cabeza de estas idealizaciones falsas!, pues es la era de las redes sociales: solemos estar al pendiente de los perfiles de Facebook o Instagram de otras personas, pensar que los otros tienen vidas más exitosas, que son más guapos o incluso que son más felices, pero… ¿qué tan cierto será esto? Se nos olvida que tal vez sus vidas y dificultades se parecen, más de lo que imaginamos, a las nuestras.

A lo largo de mi trabajo como psicoterapeuta me he topado con varios pacientes, sobre todo mujeres jóvenes, que dudan constantemente de sus capacidades y como consecuencia, viven en un estado de miedo, a veces paralizante, que les dificulta avanzar en  ámbitos laborales y relacionales. Alguna vez yo también fui una de esas mujeres, y bueno…a veces, esa antigua yo se quiere colar en mis experiencias y elecciones, pero he aprendido a conversar con ella de forma más amorosa para que deje de hacer presencia.

En el trabajo que hago con estos pacientes, he detectado la importancia de trabajar con los pensamientos y sentimientos engañosos e irracionales, así como con la integración de sus propias historias de éxitos y logros. Y en el corazón de todo eso, solemos encontrarnos con esos aprendizajes modelados o explícitos sobre “ser perfectos” o “ser alguien” aunado a esas historias vividas e interpretadas como falta de amor o reconocimiento de algunas personas significativas en sus vidas. 


El trabajo con esta experiencia es un proceso, pero por ahora me gustaría compartirte ejercicios que me han servido a mí y a algunos pacientes:

  1. Reconoce que no eres tan diferente a los otros, que todos somos vulnerables e imperfectos y que lo que cuenta al final es el trabajo que pones en corregir y aprender de los errores, en seguir intentando.
  2. Háblalo con los otros. No es fácil reconocer nuestras vulnerabilidades, pero empieza a abrirte con tus personas de confianza y con quienes te sientas más seguro, seguro descubrirás que no estás tan sólo en cómo te sientes a veces y te confirmará el punto 1. 
  3. Escribe. Haz distintas listas de tus fortalezas, capacidades y de tus logros, o éxitos. Tómate tiempo para leer y sentir lo que te pasa con esas listas….y sí, reconoce que estás hablando de ti y que eso es real porque está en los hechos, en tu historia, no sólo en tu mente o en un cuento que le contaste a los demás, no eres un impostor, eres tú, real.  
  4. Aceptar los cumplidos y reconocimientos de los otros hacia nosotros, aceptar que sus opiniones y percepciones son reales y válidas.  
  5. Tomar consciencia de la conversación que se está produciendo en tu cabeza 
  6. Pide ayuda psicoterapéutica para que seas guiado en evaluar tus creencias.
  7. Practicar meditación básica para callar al crítico interno.

Referencias:

Sánchez, Edith (febrero, 2017).El “Síndrome del Impostor”: un mal que afecta a muchos .[Blog La mente es maravillosa] Recuperado de: https://lamenteesmaravillosa.com/sindrome-del-impostor-mal-afecta-muchos/


Abigail Rangel es psicóloga y psicoterapeuta Gestalt con una especialidad en psicoterapia infantil. Da terapia individual y grupal, así como pláticas y talleres sobre estrés, meditación básica y práctica, además de brindar talleres para adolescentes. Recientemente se ha interesado en trabajar más a fondo con cuadros de ansiedad y trauma. Es así que se ha formado en el Trabajo con Trauma desde Experiencia Somática y Gestalt. Complementariamente da sesiones de psicoterapia y coaching asistidos con caballos, haciendo sinergia de una certificación en la materia y las bases de su formación Gestalt.

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