¿Cómo sostener la actividad clínica durante esta época? – Eric Hernández.

Editado por: Daniel De Gyves

Ante esta premura y delicada contingencia en la cual todos nos vemos envueltos, surgen varias cuestiones relacionadas con la clínica, especialmente para todos aquellos que sostienen su práctica privada de manera independiente cuestionando su papel como terapeuta y todas las vertientes versadas con su ética, economía y salud.

Hemos escuchando distintas experiencias y consideramos imprescindible la intencionalidad de este escrito para intentar responder a varias de las preguntas absortas de las cuales es difícil responder frente al desasosiego y la incertidumbre acaecido por nuestra situación actual. 

El psicoanalista Eric Hernández nos trae varias propuestas interesantes y  nos dice que una de las primicias es ubicar nuestro punto de enunciación descartando los elementos más simples y superficiales para profundizar en los casos de manera aislada contextualizando las necesidades aplicando “caso por caso”. 

Para la mayoría de los terapeutas la primer respuesta es mover las sesiones presenciales para trabajar en modalidad online. Para esto, responde a lo más técnico de este asunto y reflexiona más a fondo con la intención de seguir posibilitando nuestra incidencia como cofradía.

¿Qué necesitamos tener para dar tratamiento en línea o por teléfono?

  • Lo principal es una excelente conexión a Internet . Recomiendo que tengas una conectividad de 20MB DE SUBIDA y 20MB de BAJADA en tu internet si vas a optar por videollamada. La mayoría de las compañías te dicen sólo el ancho de banda de bajada. Hay que investigar cuánto es de subida, porque en ocasiones eso es la razón de porqué se interrumpen y caen las llamadas. Idealmente usar Cable Ethernet directo a tu computadora. En caso que uses tu celular y WiFi, entonces estar lo más cerca posible del módem.
  • Yo recomiendo que mejor sea llamada telefónica. No recomiendo en nada llamadas por whatsapp con los datos de internet. Las letras chiquitas de tu internet de celular ponen topes. A las pocas horas de llamadas desde datos, tu compañía te reducirá tu ancho de banda…
  • Las recomendaciones sobre que plataforma de videollamada utilizar varía mucho dependiendo de la situación de cada paciente y terapeuta. Cosas a considerar para tomar la decisión: a que plataformas tiene fácil acceso y cuales son las más segura con respecto a la privacidad de la información. Algunas sugeridas a explorar por cada quien: google hangouts, zoom y whereby son las más recomendadas.

Otro tema muy presente es ¿Cómo abordar todos estos temas con los pacientes? Mejor que nadie sabemos que las respuestas van a ser multifactoriales y es complicado tener una respuesta determinante. Habrá muchos discursos que atraviesen nuestro estilo o modalidad de trabajo ¿Cómo lidiar con esto? En respuesta, Eric refiere lo siguiente:

  • Lo más seguro es que salga de ellos, pero en el peor de los casos, sólo será a través de whatsapp… Creo que no debemos tomarnos a la ligera en responder por whatsapp al primer mensaje y decir sólo “sí”. Entre más oportunidad tengamos de hablar de este tema y los posibles cambios en la terapia mejor, sin embargo, tratemos de hablarlo y acordar en persona. Al igual que ocurrió hace dos años con la incertidumbre después del terremoto, muchos pacientes tenían una enorme ansiedad. Y muchos intentaban a primeras abandonar el tratamiento como si fuera poca cosa. Una psicoterapia, un análisis no son poca cosa. Pues al comenzar un tratamiento, sea cual sea, se trata principalmente de la relación que se juega y que desde esta relación,  es lo que hace posible que una intervención funcione o no. Si tu terapeuta realmente te causa total desinterés, no hay ningún tipo de aprecio, confianza o esperanza; pues es muy obvio que cualquier intervención que ponga, será fácilmente desechada. Es importante recordar y tener ese tema presente frente a la pregunta “¿nos seguiremos viendo en el consultorio?”.  La pregunta superficial habla sólo del consultorio y los cuerpos presentes. Pero la pregunta real es la preocupación de cómo vamos a seguir teniendo contacto cuando la sociedad nos marca un aislamiento. Si lo piensan con detalle, que un paciente reconozca que prefiere en persona, en el consultorio, hacer el plan de moverse al consultorio, etc; pues lo que tenemos ahí  es un paciente que le da valor y reconoce lo imprescindible del estar en esa relación tan íntima. Porque en efecto, es una relación muy muy íntima. No a cualquiera se le va a contar todo lo que se escucha en el consultorio. Hay una intimidad en juego, y con ello una subjetividad en harás de transformarse, curarse; o en su defecto tener estragos horribles
  • Un cambio de presencial a en línea, incluye también el requisito de llegar a un acuerdo. Agreguemos que el acuerdo con el que se pactó el tratamiento al inicio, requiere una actualización. Qué mejor que al igual que con otras eventualidades de cambio, se hable en persona y además cuidando del tiempo. Me refiero a tomarse el tiempo a hablarlo en persona, así como tomarse el tiempo para hablar del nuevo acuerdo, sus consecuencias, la vigencia de este acuerdo, las razones de porqué es el acuerdo y por último, todo lo relacionado a la subjetividad del paciente con respecto a la modificación del acuerdo. No es lo mismo decir a los pacientes “de aquí en adelante nos vemos en línea” (como si fuera igual y sin ninguna novedad) a decirles “hagamos un cambio mientras las condiciones de contingencia nos limitan, y cuando tengamos la posibilidad en un mes, entonces continuaremos en persona”. ¿Acaso no han pensado que al decirles que sí a los pacientes en línea, así porque sí y sin una exploración, no tendrá después la puerta abierta para que entonces los pacientes puedan solicitar continuar siendo en línea? Pues si mi terapeuta no dijo ninguna objeción, ningún aviso o cuestionamiento, entonces puedo entender que da lo mismo venir presencial que en línea… por lo tanto si me es más conveniente, no me requiere tanto, no es tan desafiante como lo que implica hacer el esfuerzo de ir, pues me lo puedo ahorrar y optar y seguir aislado con el beneficio del avatar online.

Por otro lado, sabemos que dentro de muchas de las respuestas expuestas, habrán muchos casos en que las personas no podrán acudir a trabajar en modalidad online, Eric nos exhorta abordarlo “caso por caso” apostando por el valor de la singularidad.

  • ¿Qué pasa con los trabajos con niños? ¿Qué pasa con los pacientes de edad avanzada, con problemas respiratorios o que por alguna circunstancia es un gran impedimento su presencia y un gran riesgo? Es más, ¿qué pasaría si un paciente llega a estar confirmado o uno mismo el diagnóstico? Aquí es donde la preguntas tienen que irse trabajando en su singularidad, el caso por caso. No podemos aplicar una medida general para todos y listo. Al tratarse de nuestro trabajo con personas y sobre todo, sabemos que nuestras palabras y acciones se juegan como intervenciones en la relación paciente-terapueta, entonces hay que tener cuidado en no someter a los pacientes a una misma regla. Porque no todos podemos tomarla de la misma manera. Alguien mencionaba su trabajo con niños y si su manera de trabajar es en el juego, estando ahí con el niño en el momento, donde la intervención es en el juego mismo, con los juguetes, con tu propia persona, entonces no es lo mismo desde la pantalla. Por lo tanto no podemos ofrecer una regla para que ustedes la apliquen a todos. Más bien, se trata de que puedan preguntarse con cada uno de sus pacientes, tomando en consideración lo que sistemáticamente han trabajado con cada paciente, ¿Cuál crees que sea el efecto de una modificación al tratamiento? Si se asume que un paciente no puede por alguna circunstancia, entonces podemos mejor ir a hablarlo con el paciente mismo. Preguntarle a él qué alternativas se le ocurre. Y proponer tomando en cuenta lo que también uno ya hizo de trabajo tras bambalinas. Pero si también es un no definitivo, entonces también hace falta hablar de lo que para la persona va a vivir al dejar de venir, al ya no vernos, etc. (¿No acaso hacemos algo así cuando viene anunciado un cierre del tratamiento y dejar de encontrarnos?)

Uno de los efectos primordiales del COVID 19 y de los cuáles es necesario profundizar como gremio es el tema del aislamiento ¿Te has cuestionado las implicaciones que pudieras tener a  corto, mediano y largo plazo?

Trata de evitar que el aislamiento sea una manera de desconectarse de las relaciones importantes, relaciones íntimas.

¿Qué pasa si cedemos a la primera de cambio para mover como si nada de terapia presencial a en línea, sin siquiera pensar cómo va a afectar la relación afectiva que hay entre paciente y terapeuta? La relación que tenemos con nuestro terapeuta o analista es muy íntima. Es tan potente esa relación que nos permite hacer transformaciones de vida. No tomamos a la ligera sus comentarios, sus puntualizaciones, sus preguntas, ni mucho menos cuando dice algo en tono de instrucción.

Ahora no sólo es el tema de la sanidad. ¿Ya no ver recurrentemente a tus compañeros de trabajo, que en muchas ocasiones son también amigos, no te cambiará el estado de ánimo? ¿No te vas a aburrir de estar sentado dentro de casa? ¿No tendremos ningún cambio anímico cuando estemos en la cama pensando diariamente si tenemos ya la enfermedad? ¿no va a cambiar nuestra manera de consumir? ¿no habrá efectos económicos que alteren también a la subjetividad? ¿tener que adoptar las medidas sanitarias no cambiará mi estilo de vida, mi rutina, mi agenda, mi tiempo, mis relaciones? Bueno, eso es el verdadero tema. Sí vamos a vernos atravesados por muchas más preguntas que sólo cómo conectarse a Internet. Incluso tras bambalinas, tendremos que ponernos a pensar si tendremos dinero con el mismo flujo, cómo vamos a pagar los gastos del consultorio, si tengo que adecuar un nuevo espacio o equipo para prepararme, asumir la posibilidad de perder varios pacientes, asumir la preocupación de los pacientes si ellos también se ven afectados en su economía. Y en todas esas preguntas, vuelvo al punto central. ¿Qué estamos dispuestos a hacer, a jugarnos, a postar, a esforzarnos para atravesar ésto y además seguir manteniendo esta relación paciente-terapeuta? No todos pueden disponer de la misma manera y no todos pueden participar con la misma respuesta. Aquí es cuando pongo el énfasis a que con cada caso hay que escuchar a nuestro paciente de lo que él está dispuesto a asumir. Tampoco es que la terapia en línea sea lo mejor de lo mejor. También tiene sus desperfectos, como el riesgo a que alguna sesión se cortará por el internet o por la línea telefónica. También tendremos que asumir el riesgo de que no escucharemos de la misma manera a la otra persona. O por ejemplo que no es lo mismo llorar frente a un celular, que llorar en la compañía de alguien. Así como tampoco es lo mismo jugar presencial que en línea. Por más que la tecnología sirva para tratar de darle un soporte a la realidad, sigue siendo limitado (¡Afortunadamente para nosotros!) Cambiar el modo de trabajo, como siempre, trae pérdidas. ¿Estamos al tanto, así como nuestros pacientes, de lo que son esas pérdidas?

Trabajar en modalidad online no sólo es una herramienta valiosa para muchos coetáneos, también traerá consecuencias perniciosas en la práctica privada de muchos colegas que trabajan de manera autónoma y les cuesta trabajar crear redes de apoyo, aunado a la intervenciones que repercutirán en los planos de incidencia terapéutica de los pacientes.  Eric sostiene lo siguiente: 

  • Acaso creemos que los pacientes, lo que tienen para decirnos, ¿no va a venir atravesado también por estos temas? claro que tiene que ver con estos temas del aislamiento y el miedo social. Es por eso que no podemos pensar que sólo se trata de mudarnos del modo de tratamiento habitual. Se trata de tomar posición respecto del tema del aislamiento. ¿No acaso es una contraposición al tratamiento “aislarse”? En realidad, sabemos que el tratamiento depende crucialmente por la relación que hay entre paciente y terapeuta. La dirección de la cura va en el sentido de  vivir las implicaciones, riesgos, apuestas, pérdidas, ganancias, experiencias, etc; de lo que implica atreverse a estar en una relación terapéutica. A eso nos dedicamos. Ponemos de nuestra persona, un tanto a disposición del paciente para entonces juntos sortear y atravesar lo que haga falta atravesar. ¡eso, por donde lo veamos, es lo más terapéutico que podemos hacer! Hacer el esfuerzo por mantener y sostener el espacio, la relación, durante esta temporada, va en dirección de la cura. 

Como respuesta a varias interrogantes que constantemente nos han estado atravesando, el psicoanalista Eric apuesta por reflexionar y hablar sobre la muerte arrojando la siguiente pregunta ¿Lo han supervisado y llevado a su propio espacio?

Seamos honestos. ¿Cuántos de los que vemos pacientes hemos ya hablado de ésto en nuestro propio espacio y en nuestra supervisión? (ojo, que hablo de ambas y no sólo de un espacio u otro) Sospecho que aún no muchos. Pero en particular, ¿qué tanto hablamos de la muerte? ¿Hablo de mi muerte en primera persona? ¿Hablo de la muerte de mi gente cercana? ¿Hablo de la muerte de mi terapeuta o analista? Hablar de ésto nos da miedo. Y muchos se van por la tangente. Cuando que justo por no hablar de lo que implica en nuestras vidas la muerte, es que vemos que está el fenómeno social de un pánico terrible.  Tener terapia en línea ahora, tiene su mensaje oculto de la posibilidad que uno de los dos pueda tener una enfermedad y por ende algo mortífero. Nos da miedo morir. Por eso estamos asustados en ir al consultorio y lo digo tanto por los pacientes como por los terapeutas. A ambos les da miedo lo que implica en estos momentos, salir hacia el consultorio. Aquí es cuando la muerte puede ser un gran soporte y catalizador siempre y cuando nos preguntemos algo como lo siguiente…. Si sabemos que un día vamos a morir, ¿por qué estamos dispuestos a vivir? ¿qué lo vale? ¿qué vale hacer tanto esfuerzo de vivir? En mi caso, ir a análisis o terapia, siempre tiene que ver con una transformación de vida. Algo que implica que una parte de tu vida en un momento crítico, se pudo empezar a caer. Entonces por eso hacemos de todo y al finalizar, si tenemos suerte y deseo, tocamos a la puerta de alguien para solicitarle que nos ayude a transformar nuestra vida. Algunos le dicen el motivo de consulta…. ¿Qué te trae al consultorio? Eso les preguntamos en la primera sesión. ¿No valdría la pena recordar en estos momentos de “aislamiento” y el miedo por salir (también es por prevención, me queda en claro), qué fue lo que nos llevó al consultorio y qué nos sigue llevando a él? Vamos a querer un cambio en nuestras vidas. Y eso cuesta. No sólo dinero, ni tiempo, ni acciones ni decisiones… es un montón de cosas, pero también te cuesta bastante jugarte la vida. Es como si apostaras una parte de tu vida por otra nueva vida. Ahí es cuando cada sesión tiene un sentido completamente diferente al de ir a tomarse un café con tus amistades. Ahora estamos todos atravesando una problemática donde tenemos que descubrir cómo le vamos a hacer para salir del aislamiento y seguir dando pasos en la vida. No sólo pensemos en la fase de aislarse. Hablemos de cómo vamos a  salir después de ésto…. ¿a algo mejor? ¿juntos? ¿separados? ¿incrédulos? ¿precavidos? ¿exagerados? ¿paranoicos? ¿deseantes? ¿cambiados? ¿iguales?

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