Hackeando desde el inconsciente la violencia hacia las mujeres en tiempos de Covid-19 – Anaid Jasso.

La marcha del 8 de marzo por el día internacional de la Mujer nos llevaron a protestar a las calles. La pandemia por Covid-19 nos regresó a los hogares. Ahora más que nunca hace sentido la frase “lo personal es político” ya que la lucha por los derechos de las mujeres es obligatoria en todos los espacios: En lo público, en lo privado, en lo doméstico, en lo digital, etc.

Siempre es necesario nombrar qué entendemos por violencia con el objetivo de identificar, analizar, prevenir, atender, sanar y erradicar. De acuerdo a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia;  entendemos por violencia a “cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público”.

El confinamiento, como parte de las medidas sanitarias establecidas para el control del virus, hizo más evidente la otra pandemia, la violencia hacia las mujeres, que incluso mata a más mujeres que el propio virus. Lamentablemente, el gobierno mexicano invisibiliza esta realidad argumentando que “tenemos una cultura de mucha fraternidad en la familia” y que por lo tanto el número de denuncias no ha incrementado en esta contingencia sanitaria. (Animal Político, 2020)

Es necesario reconocer los datos escalofriantes sobre el incremento de la violencia durante el confinamiento. En abril del 2020, al inicio del confinamiento se registraron 337 asesinatos de mujeres, es decir, un promedio de 11.2 al día, mientras que en junio, se han registrado 309 asesinatos de mujeres. Respecto a las llamadas al 911 relacionadas con violencia hacia las mujeres, en marzo de este año se registraron 115, 614 de acuerdo al SESNSP, un aumento del 22% respecto al mes anterior. La categoría de violencia contra la mujer fue la que más aumentó de acuerdo a las cifras comparadas con el 2019. Hay que tener en cuenta que estas cifras únicamente corresponden a denuncias realizadas, sin embargo, la violencia contra las mujeres, en su mayoría no se denuncia.

Con estos datos se demuestra el mito de la seguridad familiar y del hogar, ya que es en éste contexto donde las mujeres se encuentra más vulnerables a experimentar los diferentes tipos de violencia, como la violencia de pareja (44%), violencia emocional (40.1%), violencia física y (17.9%) y violencia sexual (6.5%) (ENDIREH 2016).

La pandemia por el virus Covid-19 y el confinamiento ha visibilizado las desigualdades basadas en un sistema patriarcal que desde hace siglos mantiene la opresión hacia las mujeres. Se hacen más evidentes las brechas salariales entre hombres y mujeres: La inseguridad económica, alimentaria, desempleo, trabajo doméstico no remunerado, aumento de la violencia sexual hacia niñas dando como resultado embarazos no deseados, dificultades en el acceso a la justicia, a los derechos sexuales y reproductivos, además del recorte de recursos para los refugios para mujeres.

¿Y cuáles son las consecuencias psíquicas de estas desigualdades? Tan solo por enumerar algunas, el trabajo de cuidados se ha triplicado, el trabajo doméstico recae en las mujeres, mientras que nosotras trabajamos alrededor de 48 horas, los hombres lo hacen 19 horas. Lo anterior genera fatiga crónica, estrés, problemas de insomnio, depresión, ansiedad, los proyectos personales y profesionales de las mujeres pasan a segundo término debido a la carga de trabajo doméstico, de ahí que el término de “techo de cristal” cobre más relevancia en esta época, que es un “entramado de obstáculos invisibles que impide a las mujeres cualificadas alcanzar posiciones de poder dentro de las organizaciones” (Roldán, Leyra y Contreras, 2012)

El confinamiento pone en más riesgo a mujeres y niñas pues se encuentran en el ambiente perfecto para los agresores, es decir, aisladas, con poca comunicación, paralizadas por el miedo y con poco acceso a información para pedir ayuda, sumando la consigna paradójica de que salir es peligroso y es mejor quedarse en casa. 

Sobre los motivos por los que las mujeres han solicitado terapia psicológica durante el confinamiento, principalmente han sido la ansiedad y depresión. Estos síntomas son lo que podemos ver en la superficie, sin embargo, hay situaciones preexistentes a la pandemia que el confinamiento ha potencializado, de tal manera que es importante entender cómo las desigualdades sociales tienen un impacto en la subjetividad de las mujeres. Algunas de las situaciones preexistentes son: abusos sexuales en la infancia, sentimientos profundos de soledad, conflictos en la dinámica familiar, violencia por parte de la pareja, sentimientos de vacío, pérdida del sentido de vida y consumo de sustancias. 

¿Acaso tenemos alternativas ante un panorama tan incierto?

En el aspecto social, político, comunitario y digital se requiere reforzar las redes de apoyo y la organización entre mujeres; discutir sobre los estereotipos de género que mantienen y normalizan la violencia; trabajar sobre nuevas masculinidades para erradicar la violencia machista; el reconocimiento de las desigualdades y opresiones que viven las mujeres en diversos ámbitos, fortalecimiento de todos los servicios de prevención y atención de la violencia contra las mujeres, garantizar los sistemas de justicia y protección, brindar los recursos a los refugios para mujeres.

¿Y cómo se hackea la violencia desde el inconsciente?

Una vez teniendo en cuenta el contexto social, vayamos a lo inconsciente. El tomar la decisión de acudir a una terapia, necesariamente requiere de una motivación, la mayoría de las veces es difícil reconocer que se vive una situación de violencia. 

Acudir a terapia no siempre es el primer paso, es por eso que las redes de apoyo entre mujeres se deben fortalecer para no saberse sola, de tal manera que amigas, compañeras de trabajo, vecinas, miembros de la familia de confianza son un primer buen acercamiento para pedir ayuda. 

Si crees que estás viviendo una situación de violencia, identifica si hay humillaciones, insultos, celos, restricciones, amenazas, devaluación a la autoestima, es decir, cualquier situación que dañe tu estabilidad psicológica. También es violencia si limita y controla tu dinero o bienes, cualquier acto sexual sin tu consentimiento que te haga sentir denigrada. 

Una vez que se decide iniciar una terapia, se trabaja en diferentes etapas y cada proceso tiene en cuenta la subjetividad de cada mujer. El hackeo de la violencia requiere sanar las secuelas traumáticas de la violencia, la dependencia, la idealización, la sumisión, por supuesto el reconocimiento de las fortalezas, la autonomía emocional, la autoestima, las habilidades que les permitieron sobrevivir a la violencia y un proyecto de vida.

Es necesario el reconocimiento de que los mandatos de género atraviesan la identidad (Dio Bleichmar, 1997) ya que es a través  de éstas construcciones sociales y culturales que erróneamente unen a la biología con el ser mujer. Para poder deconstruir esos mandatos es necesario hackear el inconsciente femenino, apropiarnos de la sexualidad, de nuestros cuerpos, el placer, de construir ideales femeninos diferentes, tolerar la angustia de separación, (Levinton, 2000) unir el mundo escindido de lo público y lo privado y finalmente reconocernos como sujetas de deseo. (Benjamin, 2002)


Bibliografía:

Animal Político. (2020). No ha aumentado la violencia contra mujeres en cuarentena, hay mucha fraternidad familiar: AMLO. Recuperado de https://www.animalpolitico.com/2020/05/amlo-no-aumenta-violencia-mujeres-covid-fraternidad-familiar/ el 4 de agosto de 2020.

Benjamin, J. (1996), Los lazos del Amor. Psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación. Paidós: Psicología profunda

Dio Bleichmar, E., (1997), La Sexualidad Femenina. De la niña a la mujer. Barcelona: Paidós.

-Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)., (2017), Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016. Principales Resultados. Recuperado de https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/endireh/2016/doc/endireh2016_presentacion_ejecutiva.pdf el 04 de agosto de 2020.

-Levinton, N. (2000). El superyó femenino. La moral de las mujeres. Madrid:
Biblioteca Nueva.

Roldán, E; Leyra, B; y Contreras, L. (2012). Segregación laboral y techo de cristal en el trabajo social: análisis del caso español. Redalyc.org, 12(2), 43-56


Anaid Jasso es Licenciada en Psicología por la Universidad del Valle de México, Maestra en Investigación Psicoanalítica por la Asociación Mexicana para la Práctica Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis (AMPIEP). Cuento con una especialidad en Terapia Breve y actualmente cursa la Maestría en Psicoterapia Analítica de Grupos en la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupos (AMPAG).
Ha trabajado en intervención en crisis, psicoterapia breve y de emergencia lo que la ha llevado a especializarse en el acompañamiento de mujeres sobrevivientes de violencia sexual en la infancia, donde se elaboran las secuelas como depresión, ansiedad, baja autoestima, percepción distorsionada de sí mismas, consumo de sustancias, etc.
Se encuentro interesada en la lucha por los derechos de las mujeres desde el ámbito de la psicoterapia, el psicoanálisis y el feminismo. Actualmente se dedica a la consulta privada brindando psicoterapia en formato individual y grupal.

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