Duelo y despedida – Dulce Molina.

¿Qué sería de la vida sin la muerte? ¿Cómo podríamos explicar el mundo sin saber que somos finitos?  La muerte es el eje que cruza en todas las ciencias; en el conocimiento humano, en las artes, en las religiones, en todo lo que nos preocupa y nos compete. Es el esqueleto y marco de la vida y lo que le da forma y cimiento, sin ella la existencia no tendría sentido. Y si bien es algo que nos ocurre a todos,  a la vez es lo más singular y subjetivo que podemos experimentar.

¿“La Muerte”? o ¿“las muertes”? ¿Qué es la muerte? ¿Es un concepto construido por el ser humano para explicar un estado de transición o de finitud? ¿Es acaso un ente que deambula por ahí y que viene por nosotros en algún momento? O quizá, ¿son muchos entes con sus propias guadañas que nos acompañan en nuestro camino hacia el Hades o hacia el Mictlán?

Saramago, en su libro Las intermitencias de la muerte, nos habla de diferentes muertes, cada una se encarga de cierta cantidad de personas, y particularmente, se enfoca en una muerte que decide enviar cartas en sobres morados para avisar y prevenir con una semana de anticipación que se acerca la hora final de quien la recibe, para que tenga tiempo de arreglar sus asuntos pendientes. También nos dice que es una muerte que se enamora y que se acerca a conocer y a sentir lo que significa ser un humano.

Así como Saramago, a lo largo de la historia cada cultura ha encontrado su propia manera de explicarla, han entretejido sus propios rituales que les permiten convivir con ella o negarla, pero a final de cuentas, todas terminan integrándola, aunque a veces parezca invisible ante nuestros ojos.

La muerte nos mueve, nos divide en partes, nos marca un antes y un después, nos cuestiona y nos muta.  La muerte, esa inseparable compañera que transita nuestro caminar de manera imperceptible y que un día seremos nosotros los que la acompañaremos  en su recorrido.

En estas fechas, pareciera que ella hizo un nuevo viaje hacia la humanidad, haciendo ver de nueva cuenta su presencia, para que no la olvidemos, para que recordemos que en cualquier momento nuestra vela puede apagarse, tal como ocurre en la película de Macario, en esa escena grabada en las grutas de Cacahuamilpa, en donde ella le muestra a Ignacio López Tarso su propia luz apagándose y consumiendo su tiempo en este plano.

Y no es que La Muerte se haya ido por completo, sólo que hoy porta un nuevo traje que lleva el nombre de SARS-CoV-2, un traje que con el paso de los meses se ha vuelto común y cotidiano y que ahora está integrado en una nueva normalidad/realidad.

Hasta el día de hoy, el virus que produce la enfermedad del COVID-19 ha cobrado la vida de más de 814 mil personas en el mundo y de más de 61 mil en México. Nos enfrentamos a una nueva enfermedad que asola y que pone en tela de juicio nuestro mundo perfecto y seguro.

Cuando un ser querido fallece nuestro mundo se rompe, nuestra realidad se cimbra y nos enfrentamos a una inestabilidad que nos lleva a cuestionar nuestras creencias; la posición que ocupamos en el mundo, nuestra razón y sentido de ser. 

En México, tenemos a la Muerte siempre presente, hay quienes dice que la festejamos y que no le tememos, que nos burlamos de ella, sin embargo, aunque culturalmente la podamos encontrar disfrazada con hermosos ropajes de plumas en forma de una Catrina, la realidad, es que cuando llega, duele y duele muchísimo.  

Perder a un ser querido implica un camino de transición llamado Duelo, en el que caminaremos hasta poder reconstruir nuestras vidas y darle un significado a lo ocurrido dentro de nuestro sistema de creencias. Durante nuestro recorrido pasaremos por diferentes emociones como la tristeza, el enojo, la incredulidad, la ansiedad y la nostalgia. Seguramente nuestros hábitos de autocuidado cambien, dejaremos de comer o puede que comamos en exceso, sufriremos noches largas de insomnio o quizá no queramos levantarnos de la cama. Muchos porqués aparecerán en nuestra mente a manera de pensamientos obsesivos, los cuales posiblemente se traducirán en sentimientos de culpabilidad.

No todos los caminos son iguales y tampoco se llevan a cabo en el mismo tiempo, cada uno es singular y tendrá que ver con la relación que teníamos con el fallecido; con el momento de crecimiento emocional en el que nos encontremos; estará cortado por la cultura, por nuestra familia y por muchas otras situaciones.

Entonces, si ningún camino es igual, ¿qué puedo hacer para recorrerlo de manera más tranquila? O ¿Cómo puedo apoyar a alguien que lo está recorriendo?

Lo más importante que debemos recordar es que nadie alivia el sufrimiento de las personas, nuestra principal labor es acompañar, transitar a su lado y brindarle nuestro hombro, una escucha activa, empática y compasiva.  Validar sus emociones y permitirle que exprese su sentir, sus preguntas abiertas al aire que quizá al principio puedan parecer no tener respuesta; permitirle que llore, que se enoje, también brindarle ayudas precisas y con fechas agendadas. Abrir nuestro corazón y brindar nuestro tiempo.

Si yo estoy transitando por el camino del duelo, debo saber que el tiempo no lo cura todo, si no que es lo que haga en ese tiempo lo que me permitirá sanar, que una pérdida se “supera” cuando su recuerdo deja de doler con la misma intensidad, aunque también es bueno saber, que hay dolores que nunca se van, que sólo aprendemos a vivir con ellos. Que no vas a pasar por etapas definidas de negación, tristeza, enojo, etc; si no que los días serán desiguales, unos buenos otros malos, como oleadas de un mar picado que poco a poco regresará a la calma, aunque haya momentos en el futuro en los que pueda regresar el recuerdo doloroso a manera de añoranza o nostalgia. 

Lo más importante que puedo compartirte para que sigas tu camino es lo siguiente, vive honrando el recuerdo de quien ya no está, tu vínculo con esa persona nunca desaparecerá, tú te quedaste con algo de esa persona en ti y ese alguien se llevó algo tuyo. Ese ser querido vivirá siempre en tu corazón, en tus recuerdos, en tus emociones, en aromas, en experiencias vividas, en aprendizajes y también en el dolor.

Si perdiste a alguien en estas fechas y te sientes limitado en la despedida de su cuerpo físico, si no pudiste hacer un funeral o un ritual religioso como te hubiera gustado, recuerda que también existen otras formas de dar “el último adiós”, existen los rituales personales: Escribirle una carta, encender una veladora, preparar una comida que le gustaba, crear una reunión con la familia y seres queridos a través de alguna aplicación. 

Nada está escrito acerca de cómo debe ser, sólo haz lo que tu corazón te dicte; platica con tus amigos y tu familia sobre lo que estás o están pasando y si sienten que requieren de apoyo no duden en contactar a la persona que pueda acompañarlos, ya sea un especialista en Tanatología, un guía espiritual de su religión o un grupo de apoyo, recuerden que no están solos y que siempre HAY UNA LUZ QUE NUNCA SE APAGA.  


Dulce Molina es Licenciada en Psicología por la FES Iztacala (UNAM). Cuenta con una Maestría en Cuidados Paliativos al final de la vida en la Universidad de la Laguna en Tenerife, España.
Se ha desempeñado trabajando en distintos escenarios como creando grupos de acompañamientos para padres en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales dentro del área hospitalaria; grupos de acompañamiento para familias con algún familiar diagnosticado con Alzheimer, clases de Psicología Clínica a nivel Licenciatura, entre otros.
Cuenta con 15 años de experiencia a lo largo de los cuales se ha desplazado en diferentes áreas, enfocándose principalmente en la clínica y la atención social. 
Ha sido autora de dos libros y también ponente en diferentes congresos a nivel nacional e internacional, como el Congreso de Investigaciones Cualitativas de la Universidad de Illinois.
Actualmente es fundadora del centro Hay una luz que nunca se apaga, enfocado a la atención en personas que han pasado una pérdida, o que enfrentan un enfermedad terminal.

Contacto:

Facebook:https://www.facebook.com/TanatologiaDulceMolina
Instagram:https://www.instagram.com/tanatologiahayunaluz/

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