De esta agua no beberé – Cinthia Marcos

Unos meses antes de que comenzara la pandemia, un sábado cualquiera en Neopraxis, con los consultorios a reventar, el café, las risas y los churritos de chile fluyendo, la atención psicológica presencial era prioritaria y la atención vía digital parecía algo complementario, algo que hacíamos de cuando en cuando si nuestro paciente o nosotros estábamos fuera de la ciudad. 

Luego llegó finales de marzo con el primer cierre de los espacios físicos y pasamos de cuestionar si la atención psicológica vía online era posible (porque limitaba posibilidades, porque abre cuestionamientos sobre el papel que juegan los cuerpos y la mirada ahí, porque no pareciera ético o seguro, etc.) a migrar de manera forzada -unos más que otros- al terreno digital como única opción, se volvió un eso o nada.

Y con ese movimiento, un espacio físico como lo es (¿era?) Neopraxis, se volvió irrelevante de un día para otro. 

Cómo duele sentir que se ha perdido algo… 

Este año todos hemos perdido y aunque hay pérdidas difíciles de conciliar, hay otras que son liberadoras porque al tener que soltar algunas ideas, creencias y expectativas nos volvemos más ligeros y podemos avanzar por nuevos caminos con mayor rapidez. 

Tenía que dejar de pensar a Neopraxis como un coworking y pronto, que todo lo que hacíamos (eventos, cursos, grupo de la comunidad, contenido para psicólogos, etc.) se sostenía casi exclusivamente de la renta de los consultorios y eso dejó de ser viable.

¿Pensé en “simplemente” cerrar? ¡Claro! Desde una perspectiva de “negocios” esta hubiera sido la mejor decisión. Entonces me di cuenta que ¿afortunadamente? lo que me moviliza no es el dinero. A mi lo que me gusta es el reto, batallar, hacer cosas que pensaba no podría hacer y perseguir metas que me invento sola. Además, tenía un equipo de trabajo y una comunidad de 160 colegas psicólogos que de golpe habían perdido un alto porcentaje de sus pacientes y se enfrentaban al mismo panorama de incertidumbre, así que ya era momento de dejar de llorar y ponerme a pensar que podíamos hacer. 

Así que me armé un listado, por un lado todas las ideas que se me ocurrieran de lo que podríamos hacer desde Neopraxis y del otro, los nombres de mis amigos, familia y colegas aliados a los cuales me podría acercar para pedirles consejo. La ayuda no tardó en llegar, y al poco tiempo comenzaron a nacer dos iniciativas que cambiaron el rumbo de Neopraxis. 

A continuación les comparto tres cosas que aprendí en el proceso: 

El mayor valor está en la Comunidad.

El valor no lo tiene el espacio físico, ni la “marca”, ni las redes sociales, ni ninguno de los cursos y eventos que organizamos. El mayor atino fue cómo a través de todos esos puntos de encuentro cultivamos relaciones significativas, de cómo al paso del tiempo fuimos reforzando lo que nos une (el interés por llevar una práctica ética y sostenible) y dejando afuera lo que nos podría dividir (ideologías y corrientes teóricas). 

Los colegas que integran la comunidad de Neopraxis no son “mis clientes”, son mis pares, amigos y colaboradores; juntos en esta pandemia descubrimos el verdadero significado de coworking. Conformamos un frente unido de profesionales psi con un abanico de talentos y habilidades; hacemos la diferencia a través de nuestra escucha, mirada y voz, desde lo individual hasta con grupos de personas dentro de las grandes corporaciones. 

Me encuentro  profundamente agradecida por confiar en Neopraxis al representarnos allá afuera, por confiar en que consideramos sus intereses y los de las personas que buscan su atención como prioridad. Por buscar juntos el cómo responder ante cualquier demanda de atención  y por correr a ayudar en los momentos más críticos en donde muchos donaron su tiempo y dinero para sostener un concepto que parecía insostenible en ese oscuro mes de julio. 

Si se puede ir #MásAllá.

Sin un peso para invertir y con poca experiencia previa…

¿Montar una línea de atención psicológica vía telefónica que reciba llamadas de cualquier parte del mundo y que en menos de un minuto una persona que requiera ayuda psicológica esté hablando con un psicólogx con posgrado que además le pueda dar seguimiento personalizado de manera ilimitada? ¡Claro que sí!

¿Operar una clínica que atiende digital y presencial a pacientes de todo el mundo, actualmente en tres idiomas diferentes y que crece mes a mes? ¡Claro que sí!

¿Facilitar webinars, atención psicológica, campañas de comunicación e intervenciones grupales a empresas líderes en LATAM?  ¡Claro que sí!

Nunca estuvo en los planes de Neopraxis facilitar servicios psicológicos a esta escala (el único espacio clínico del que me interesaba ocuparme era mi práctica particular) tan es así, que cuando constituí legalmente Neopraxis el objeto principal eran servicios inmobiliarios. No visualizaba la posibilidad de hacerlo y éticamente me parecía retador, todavía me parece y eso creo me ayuda a cuestionarme todo el tiempo y pedir constantemente consejo de otros colegas. 

¡Que admirable ha sido vernos a todos adoptar nuevos puentes tecnológicos para sostener esos espacios y procesos terapéuticos! Retarnos aprendiendo nuevas plataformas y exponernos en el terreno digital para llegar a otros. 

La escucha y mirada del psi es esencial. 

Con todas estas modificaciones, adaptaciones y resistencias puedo decir que: ¡Nuestro trabajo es esencial! Somos ese espacio seguro, esa intervención provocadora de cambio, esa palabra que calma y presencia que acompaña en los momentos más álgidos. 

Hoy siento una gran responsabilidad de seguir creando esos espacios y llevando esa escucha a donde más se necesite. Facilitar que las personas que buscan ayuda la encuentren en una comunidad profesional, capacitada y adaptable. Abrir la conversación con los tomadores de decisiones de las empresas sobre la relevancia de dar acceso a sus colaboradores y a sus familiares la cobertura de salud que incluya la escucha e intervención de un psicolgx. De diseñar intervenciones que den valor y no sólo hacerlo para que las empresas puedan “cumplir”. De velar también por los intereses del gremio de los psi, para no vernos arrastrados por esa tendencia a desvalorizar nuestro trabajo. 

¿Y ahora qué sigue?

Aunque el panorama va mejorando paulatinamente, el presente nos sigue evidenciando lo vulnerables que somos frente a las contingencias, que un cambio súbito y del cual no tenemos la fuerza para controlar nos pone a prueba desafiando la seguridad con la que nos dirigimos frente al mundo. Aún no hay nada seguro, pero este ímpetu en sostener un espacio el cual daba por perdido continúa apostando en dar respuesta a las demandas de afuera. 

Todos esos dispositivos que no contemplabamos, se convirtieron en aliados y en un aliciente para trascender nuestro trabajo. Desde nuestra trinchera, con los recursos que contamos y unidos como comunidad, no nos detendremos, seguiremos creciendo y revolucionando estos paradigmas que nos obstaculizan en llevar la escucha a todos lados. Teniendo en cuenta que aunque los tiempos cambian, son inciertos y arriesgados,  estamos más fuertes y decididos que nunca. 

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