¿Por qué es tan difícil empezar una terapia? Carta a un paciente – Elí Ganem

¿Terminamos postergando y procrastinando la acción de buscar, asistir e involucrarnos en nuestra salud mental? ¿Abandonamos la terapia al poco tiempo de comenzar?

Dando como falsa solución o más bien, como buena justificación el pensar que somos nosotros los que no podemos… ¡Somos nosotros el problema! Y si dentro de nuestra estructura psíquica hay un superyó punitivo, existirán enseguida preguntas similares a las siguientes:  ¿Por qué se me olvido ir? ¿Por qué ya no volví a marcar? ¿Por qué no lo estoy haciendo?

Si no existe ese juicio y eres más bien relajado y desinteresado, probablemente sólo lo tomes como una experiencia fallida y no lo vuelvas a intentar. 

Somos tantas personas que existirán miles de formas más de reaccionar a parte de las que mencioné. Aunque estas dos ejemplifican y se adentran a lo que busco expresar en este escrito. 

Previo a esto, es fundamental decir que lo anterior es lo más común. Uno no es el problema, nadie lo es. Si existiera un problema, sería que nos han vendido las ideas de que estar mal, necesitar ayuda o ser diferentes, es un error.

Así que si tú, la persona que está leyendo este texto,  ya lograste iniciar un proceso terapéutico, quiero felicitarte, pues es sumamente difícil dar ese primer paso y continuar. Existen muchas limitantes conscientes e inconscientes que nos impiden llegar a ese momento o lo que llamamos proceso. 

Si tú, la persona que está leyendo este texto, abortaste la misión por la razón que fuere, no te culpes; quiero compartirte algunas de las cosas que pasan y espero que con esto, puedas darte otro chance o una primera oportunidad de conocerte junto con un profesional de la salud. 

Abandonar o rechazar la idea de una terapia, repito, es más común de lo que parece por el simple hecho de que todo ser humano tiene un mundo mental dentro de sí; que no se  conoce a profundidad pero lo que se expresa tiene ciertos tintes hostiles que en su mayoría se sienten ajenos a uno, aún sabiendo que no lo son, por lo tanto, se teme a que otro lo descubra.  Para esta idea podríamos pensar en la famosa caja de Pandora a la que esperas que nadie pueda abrir porque en el momento en que eso ocurra, habrá tanto mal que se perderá el control para poderla cerrar o administrar lo que sale y entra de ahí. 

Y esto en las personas se presenta en ocasiones con frases como: “si supieran como realmente soy, me tendrían miedo”; “soy super hostil”, “soy la peor persona del mundo”… u otras frases no catastróficas pero que de igual manera expresan aspectos de nuestra persona que no tenemos intención de compartir abiertamente. Por lo cual, no será gratuito no querer exponerse ante esa situación. Pero la realidad es que no hay persona en el mundo que no tenga hostilidad en sus fantasías, ni agresión. Todos, absolutamente todos, tenemos un poco de todo lo que tú tienes y temes externar. 

Otro motivo por el cual uno siente miedo, vergüenza, incomodidad y extrañeza ante un desconocido que está prestando completamente atención, se da por una cuestión social que nuevamente, no es de a gratis. Como humanos que nos auto-juzgamos severamente, creamos y creemos la idea errónea de que el “Otro” (terapeuta- analista) también lo hará. Sin comprender o permitirse entender que el “Otro” está ahí como un “Yo” auxiliar que se presta para que tú, con el paso del tiempo, puedas comprenderte. 

El terapeuta, está para escuchar, desenmarañar, traducir, esclarecer pero jamás para juzgar ni hacerte cambiar a su modo y semejanza. El terapeuta se prepara por muchos años para que dentro del espacio terapéutico pueda ser lo más neutral posible y funcione como un espejo opaco en el cual puedes reflejarte. 

Califique este punto como social, pues verdaderamente nunca hemos estado acostumbrados a ser el foco de atención, de manera saludable y positiva, donde el único que expone su Yo, es uno mismo. Y el “Otro” solamente presta su atención activa y flotante.

Nos es más común y cómodo, pues estamos acostumbrados, a expresarnos con amigos, por medio de redes sociales, etc. Pero estos entornos siempre llevan a una conversación más simétrica donde probablemente recibirás empatía o crítica pero no una búsqueda de introyección. 

Por ese motivo es complicado continuar un tratamiento y si uno no sabe lidiar con las múltiples emociones que esta nueva situación presenta, optara por abandonar. Entonces pueden llegar a nuestra cabeza, frases como: “No tengo tiempo”, “Me di cuenta que puedo yo solo/a ”etc. 

Probablemente uno pueda solo, no hay que cerrarse a la idea de que no puede ser, pero es también cierto que la pena compartida pesa menos y se maneja mejor. 

Algunos encuadres terapéuticos trabajan con el silencio, la poca intervención; con la escucha activa; esto con la intención de buscar que tengas un espacio para realmente poder pensar. Por eso te piden hablar, porque cuando tú hablas y te escuchas, mueves cosas; recuerdos, ideas, que destapan historias que no sabías que estaban entrelazadas pero al final todo esto se hace para que puedas entender de dónde viene el problema originalmente y eso te dé mayor tranquilidad. 

Con lo anterior, doy pie a un último punto, que aunque no son todos los motivos por los cuales uno abandona, o decide no intentarlo, son puntos que he notado muy presentes en las personas, independientemente de su profesión, sexo, educación, etc. 

Por esta razón, otro motivo por el cual podemos decidir abandonar y no seguir el proceso de introspección es el empezar a mover el desequilibrio en que estamos acostumbrados a vivir. Imagina una pila de rocas de diferentes tamaños, grosores y formas. Acomodadas con perfecta precisión logran mantenerse en pila, aunque sabemos que no se deben de tocar pues cualquier movimiento o peso fuera de lugar, logrará derribar todo. Así es nuestra vida: Un desorden y desequilibrio que si no lo mueves, no te percatas. Y vives la vida pendiente de un hilo para no terminar en el piso. 

También lo podemos visualizar como un cuarto tirado, pero dentro de ese tiradero la persona que habita ahí tiene su orden y se entiende. Sin embargo, cuando alguien más llega, y ordena, al principio genera conflicto, pero con el paso del tiempo ver todo más ordenado y limpio le da mayor control en su vida. Como los programas de acumuladores extremos donde se someten a soltar y a (re)aprender a vivir en un lugar ordenado. 

Es obvio que cuando se ha vivido así mucho tiempo, pensamos y sentimos que eso es equilibrio, estabilidad. Pero no es así y cuando comenzamos una terapia, ese falso equilibrio desaparece, ese proceso como lo expresé en los ejemplos generan molestia, incomodidad y también mucho dolor. 

Pero así como existe la frase: “de los errores se aprende y se obtiene el éxito” también podría existir una que diga “que del dolor, viene el cambio y por ende, la calma y alivio” 

El terapeuta entiende todo esto, este texto es justo para decirte que no tengas miedo, es difícil, es doloroso, es inquietante y se siente inestable, pero con el tiempo es todo lo contrario.  No te castigues por no haber podido estar en una terapia, pero tampoco tires la toalla. No pienses que probablemente eso no es para ti. Esto se trata de buscar, probar y quedarse en un corte terapéutico y con un terapeuta que sea afín a tus propias necesidades. 


Sobre la autora:

Elí Ganem es mexico-libanesa y tiene 27 años. Es Licenciada en Dirección de Arte  por Miami Ad School (México-Madrid). Actualmente estudia la Licenciatura en Psicología por el Centro Eleia. Asimismo cuenta con un diplomado en “Femenino – Masculino”, por el Centro Eleia. Es una apasionada en el Psicoanálisis, la Mente Criminal, las Leyes, la Arquitectura, el Diseño, el Arte, y los árboles. Pinta desde hace 10 años por lo cual busca implementar el arte y la psicología en sus actividades. Desea ser una psicoanalista integral.

3 comentarios sobre “¿Por qué es tan difícil empezar una terapia? Carta a un paciente – Elí Ganem

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  1. Me gusta mucho lo que comparte la autora, me hizo recordar tantas veces que me auto convencía de que yo “debía se capaz” de resolver cualquier dificultad emocional por mi cuenta y sin ayuda de nadie; esa autoexigencia sumada a un temor de ser juzgada o tachada de loca, me alejo mucho tiempo de un proceso terapéutico. No fue sino hasta que toqué fondo, que decidí aceptar apoyo profesional el cual no solo me ayudo a salir de la crisis, sino que me ha aportado tranquilidad y auto aceptación.

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  2. Importante reflexión. Recuerdo cuándo do inicié mi propio procesos de terapia, pasando por varias de las experiencias descritas. Felizmente, hoy la psicoterapia es para mí un elemento esencial de cuidado personal y gran herramienta de vida.

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