Cuando crezcas, entenderás – Andrea Olmos

Cuando fuimos niños, una de las cosas que la mayoría anhelábamos era ser grandes para gozar de ciertos privilegios que parecía no estuvieran a nuestro alcance por una situación de desigualdad. Siempre entendimos que la adultez llega con la mayoría de edad, lo que permite el control y la subordinación; para esto, el adultocentrismo la convierte en un ejercicio de dominio debido a que se entiende que los adultos son quienes pueden decidir respecto a otros en cualquier ámbito de su vida. Estamos inmersos en una jerarquía en la que los niños, jóvenes y personas mayores están siendo subordinados a los adultos, de este modo, los adultos cumplen funciones de poder y toma de decisiones, en cambio, los niños se mantienen al margen de las tareas, mientras que los jóvenes y personas mayores pueden participar en ellas de manera limitada o desempeñando papeles secundarios. Lo primero que habría que cuestionarnos es ¿Vivimos en una sociedad adultocéntrica? ¿Cómo identificarla?

El Adultocentrismo es una noción que refiere a la existencia de un sistema de dominio que a su vez se conjuga con otros sistemas de poder como el patriarcado, capitalismo y racismo. Como contexto social podemos pensar que se ve reflejado en comunidades donde el hombre más viejo es al que más respeto le tienen ya que es el más sabio, el más grande. Es como si dentro de las comunidades durante años se preparara a alguien para ser quien determine las normas de convivencia, la manera en que nos relacionamos; en juzgar las acciones de una persona y tome decisión sobre el futuro de los que estén en un rango de edad bajo.

A través de la historia, la sociedad ha esperado que inculquemos valores y eduquemos a los niños a nuestro cargo para que puedan cumplir ciertas funciones, por ejemplo: Que jueguen a ciertas edades, que aprendan a caminar, escribir y sobre todo a obedecer ya que si lo hacen se formarán como personas “respetuosas” y, de esta modo, funcionarán para poder comunicarse y establecer relaciones de manera adecuada con los adultos. Por eso, a lo largo de nuestras vidas seguimos un procedimiento de vivir que consiste en un “deber ser” y está establecida la forma en que tuvieran que ser las transiciones para llegar a la adultez, lo que de inmediato construye diferencias y desigualdades en las experiencias que vive cada persona y se le invalida.

¿Cómo puede expresarse el adultocentrismo de manera perniciosa en los niños?

Estas expresiones tradicionales lo resumen: “Haz lo que te digo y punto”… “No se dan cuenta porque están chiquitos”… “Cuando seas grande podrás opinar”

Frases como éstas son donde nos damos cuenta que por generaciones hemos sido educados en una sociedad que anula los deseos y sentimientos de los menores. Durante el recorrido y desarrollo de los niños surgen dudas, inseguridades, falta de habilidades y timidez que se verán reflejadas en su interacción con el mundo. Por esta razón, el adultocentrismo se sostiene por una construcción ideológica en la cual la adultez se estableció como el punto máximo de vida y desarrollo humano, por lo que la niñez y la juventud se viven como momentos de preparación para llegar a ella. Es ahí cuando se invalida, le restan importancia a lo que los niños y jóvenes pueden aportar en sus casas, en el ámbito educativo y en la sociedad.

Otra frase que se escucha frecuentemente es “los jóvenes son el futuro de México”… Pongo esta cita frecuente ya que al decirla podría parecer que no tiene nada de malo, sin embargo, eso me hace cuestionar ¿Cuándo estamos siendo tomados en cuenta? Seremos tomados en cuenta cuando seamos adultos, cuando consumamos y reproduzcamos las normas establecidas. 

A manera de conclusión, considero pertinente responder a la siguiente pregunta ¿Cómo evitar que el adultocentrismo siga anulando el deseo del menor y se pueda llevar a cabo una educación? Para esto el diálogo es factor clave para que se nos permita generar un intercambio entre las personas adultocéntricas y los niños o jóvenes. Esto mejoraría nuestra labor como psicólogos, docentes y padres de familia.


Sobre la autora:

Andrea Olmos tiene 22 años y actualmente estudia la Licenciatura en Psicología por el Centro Eleia. Cuenta con un diplomado en “Embarazo, Parentalidad y Vínculos Tempranos” impartido por el Centro Eleia. Su visión es hacer su clínica especializada con niños y adolescentes. Entre otras cosas disfruta escuchar música, asistir a conciertos, tomar fotografías, leer y escribir.

Un comentario sobre “Cuando crezcas, entenderás – Andrea Olmos

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  1. El tema es poco considerado, sin embargo es de mucho valor, ya que siempre pensamos que como adultos tenemos la razón y los jóvenes o niños son tan inexpertos que no es de valía su opinión. Felicidades por dar relevancia a esta necesidad de intercambio de opiniones.

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