Infancias trans como infancias posibles. Retos desde la práctica clínica.

Texto elaborado por Daniel De Gyves

Las leyes de identidad de género han sido uno de los debates más acalorados en los últimos días, estos avances dentro de los marcos legales relacionados con la elección de darle una lectura personal al cuerpo sexuado y generizado han ampliado los derechos, en los cuales, las infancias trans comienzan a introducirse para darle cabida a nuevas formas de ser, estar y desear. Frente a estas incipientes posibilidades ¿Qué desafíos clínicos nos sitúan en este contexto? ¿Cómo se da la identidad de género desde la infancia? ¿Qué rol juega nuestra práctica clínica?

Para entrar en el contexto mexicano, la iniciativa de infancias trans surge hace dos años como propuesta por el Parlamento de Mujeres en el Congreso de la Ciudad de México, aunque hoy en día se encuentra congelada y muchos opositores y opositoras conservadores sustentan que se trata de una violación a los derechos de lxs niñxs al obligarles a someterse  a tratamientos hormonales o quirúrgicos, ideas recalcitrantes citadas por el imaginario social. Esto a diferencia de Jalisco que es el único de los 32 Estados en garantizar los derechos de lxs menores; en los demás espacios geográficos, continuamos sin darle cabida a experiencias situadas por parte de niñxs que manifiestan secuelas psicosociales negativas en su desarrollo al no ser escuchadxs.

Esta propuesta recibió el nombre de “Ley de Reconocimiento de la identidad de género autopercibida para personas menores de 18 años”. Empero, como respuesta a confusiones, actualmente, el Congreso de la CDMX sigue sin aprobar esa ley y gran parte se debe a mitos y decisiones yuxtapuestas por discriminación etaria, aunado al adultocentrismo que sigue reforzando la creencia de que lxs niñxs no tienen edad suficiente de darle una lectura a su cuerpo.

A fin de estar en sintonía, podemos definir las infancias trans al tomar en cuenta las experiencias de niñxs que tempranamente manifiestan una “discordancia” con su género asignado al nacer en relación con su sexo biológico, por consiguiente, hay una identidad de género autopercibida al vivirse, expresarse y compartir con sus coetáneos en un mundo generizado y circundante, esto atrayendo preguntas cargadas de sesgos sociales versados en la sexualidad.

Si ya de entrada el tema de la sexualidad siempre ha sido enigmática, no olvidemos que Freud se enfrentó a sus congéneres al haber especificado la existencia de la sexualidad infantil, al mismo tiempo que el filósofo más destacado del poder, Foucault, con su Historia de la Sexualidad I al decir que no se trataba de una investidura represiva sobre el cuerpo, sino sobre las condiciones discursivas que hacen posibles que la sexualidad tenga un contenido simbólico, psíquico y social con esto que nombramos por por medio del discurso.

Ahora que empieza a nombrarse jurídicamente las experiencias de las infancias trans, también comienzan nuevas preguntas y desafíos en la práctica clínica, lugar donde llegan personas a buscar un acompañamiento en su transición. Bajo este escenario ¿Cuáles son los retos desde nuestro papel de la escucha?

Seguramente has interactuado con una cantidad de confusiones rodeadas de un hermetismo al momento de lidiar con respuestas/pensamientos fuera de los marcos legítimos de la sexualidad; considerando la idea adultocentrista de creer que lxs niñxs no tienen agencia y edad suficiente para pensarse y nombrarse desde el cuerpo al escuchar su deseo e identificación, lo cual tiene repercusiones psicosociales graves e históricas. Para esto, el closet, como se ha politizado, ha sido este dispositivo biopolítico que ha generado que los procesos de subjetivación estén rodeados de depresión, ansiedad y estrés al  cargar estas regulaciones de vida social que actúan sobre los cuerpos desde un disciplinamiento. Como respuesta, existe una alta tasa de suicidio, deserción escolar y niveles exponenciales de violencia en la población trans.

Esto sin olvidar la intervención de la psicología convencional que especificaba la homosexualidad como una patología y más tarde la transexualidad, no obstante, a pesar de que se ha debatido y cuestionado vigorosamente estos paradigmas científicos, a tal grado de anularlos, persisten rezagos que son utilizados para denostar las experiencias de las personas trans, mismas que siguen influyendo en varios servicios psicológicos o de la salud mental.

Por esta razón, el que se empiece a nombrar las infancias trans jurídica y discursivamente, habrá una extrapolación en el imaginario social de reconocimiento e inteligibilidad para mejorar la calidad de vida desde sus inicios y evitar que nuestra escucha en el consultorio se vea alterada y sesgada.

Mientras tanto, es menester seguir desanudando dentro de la clínica, maneras históricas de ver la identidad y psicosexualidad en relación a los criterios de anormalidad para habitar una escucha que posibilite a todas las identidades, para esto, una forma de ver el género es tal como Judith Butler desarrolló al decir que es una actividad incesante y performativa el cual unx no elige, en cambio, siempre se realiza con o para otrx. Y a pesar de que unx no elige su género al momento de nacer, sí influye en nuestro psiquismo la forma en la que somos nombradxs y pensados a través de la lectura de nuestro cuerpo.

¿Qué papel juega la identidad de género desde edades tempranas?

Lo que en algún momento John Money propuso con el concepto de identidad de género , fue el resultado de las relaciones intersubjetivas entre padres, familiares y el niñx; impactando en las identificaciones primarias asociadas con la constitución del psiquismo, además, la intervención del psicoanálisis con la salida del Edipo, el cual adquiere un carácter sexual mediante la identificación secundaria que toma en cuenta las interacciones con el cuidadxr primarix como ser sexuado. 

Cabe destacar que lxs infantes toman referencialmente los rasgos identitarios de sus cuidadorxs primarixs que acaparan  su atención para la creación de su ideal del yo, mismo que tiene contenidos de género conscientes e inconscientes, creando su identidad de género que les permite situarse frente al Otro.

Una vez teniendo en cuenta cómo la identidad de género impacta desde la infancia, es fundamental darle cabida a experiencias que no coinciden con la cisheterosexualidad obligatoria, esto con la finalidad de caer en cualquier imposición de estilos de vida socialmente esperados, asimismo, cuestionarnos la creencia de que lxs niñxs no tienen edad suficiente para situarse en el mundo.

No hace mucho comenzaron a incluirse políticas de identidad para darle lugar a experiencias que carecen de nombre y representación por el imaginario social y, a pesar de que ninguna es fija y varía con el tiempo, visibilizar las infancias trans es posibilitar más formas de habitar la existencia, la cual es relacional y no depende únicamente de la autopercepción; por esta razón, el trato político será importante para el desarrollo de cualquier niñx.

Antes de finalizar, es fundamental romper con las creencias erróneas de que una transición de género radica en hormonizarse o tener cualquier tipo de intervención quirúrgica, por el contrario, su punto de partida radica en entender que cada experiencia es distinta y que la relación con cualquier tipo de identidad es vivencial. Así como no existe una sola forma de ser hombre y mujer cis, lo mismo sucede con las infancias y adolescencias trans.

La misión de cualquier práctica clínica será la creación de los escenarios donde el/la/le infante pueda articular su deseo, apalabrar su transitar y nombrarse desde la identidad que le haga sentido tomando en cuenta su experiencia de vida. Considerar que lxs niñxs no tienen la madurez suficiente para identificarse sexual y genéricamente, es uno de los errores más crueles que persisten, sería regresarles al closet que históricamente ha avasallado los cuerpos al no escuchar la diversidad de experiencias relacionadas con el género.

A manera de conclusión, nuestro principal reto será cuestionarnos la forma en que nos han enseñado a relacionarnos desde el género convencional; el pensar que la materialidad de los cuerpos son el único referente para la estructuración del deseo y que la manera en que cada unx simboliza el género desde su contexto, será personal. Más allá de cualquier identidad, el contenido siempre será situacional y nadie puede ser el especialista en la vida alguien.


Para mayor información visita la Asociación por las Infancias Transgénero.


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