Negligencia Emocional Infantil

Texto elaborado por Andrea Olmos

El no reconocimiento de las emociones durante los primeros años de vida impacta en el desarrollo de nuestra personalidad generando secuelas en la adultez, prueba de esto, es cuando nos enfrentamos a cuestionamientos intrusivos internos como sería ¿De verdad está sucediendo algo para que me perciba de esta manera?, ¿es válido lo que siento o sólo está en mi cabeza?, ¿estoy exagerando o realmente es importante? A lo que puedo responder, si a ti te parece relevante es importante ponerlo sobre la mesa y trabajarlo. Poder nombrar lo que sentimos conlleva una serie de procesos y aceptación. En ocasiones cuesta reconocer o entender las situaciones que vivimos, esto puede relacionarse con nuestra infancia si durante esa etapa alguien mayor invalidó nuestro sentir cuando lo expresamos. 

La crianza es un tema complicado ya que cuando se habla de padres, madres o cuidadores primarios, se tiene la idea de que siempre debemos expresarnos bien de ellos porque nos dieron la vida e hicieron todo lo que pudieron por nosotros. Lo que imposibilita poder sentir otra cosa que no sea agradecimiento, amabilidad o amor hacia ellos aunque en el fondo puedes estar sintiéndote diferente y también es válido.

No todas las infancias son lindas, ni son iguales.

El abandono emocional infantil afecta la vida, la confianza y la manera en que nos relacionamos con otras personas e incluso con uno mismo; los que han vivido esto saben que constantemente se tiene la necesidad de querer moverse de este lugar, ser escuchados y no permanecer en la duda. Situaciones así nos pueden orillar a dejar de ser empáticos con nosotros mismos. Haber vivido una infancia lejana a lo que se considera una infancia feliz casi en automático te da una carga de emociones y reacciones sociales que a su vez vendrán en conjunto con una narrativa propia de que el mundo es cruel o confuso, sin ningún lugar seguro.

Esta carga se puede pasar generación tras generación, se queda y crece contigo ya que finalmente es un trauma; pensándolo de esta manera es una cadena difícil de romper ya que si tú lo viviste, lo más seguro es que tus papás o cuidadores primarios también. Sin embargo, no es una justificación, sino que el saberlo permite identificarlo para poder trabajar con ello cuando te sientas preparado para enfrentarlo. 

Nadie nace sabiendo ser papá, mamá o cuidador pero hay algunos que son mejores soportes emocionales que otros. Algunos no tendrán manera de saber si lo son o no porque posiblemente tampoco tengan un sostén emocional. Finalmente hacen lo que pueden, después de identificarlo es una acción de amor propio si alguien quiere entender el por qué o intentar sanar la herida a través de la palabra. 

Para poder identificar la negligencia emocional debes saber que existen dos tipos: la pasiva, puedes identificarla cuando al contar alguna de tus experiencias otros las minimizan y te hacen sentir incluso ridículo ya que aparentemente lo que viviste “no es para tanto” como lo que pudieron haber vivido otra personas, dando a entender que si alguien sufre más que tú inmediatamente debes eliminar tu sufrimiento. Es difícil de identificar pero es una dinámica que se da en la relación que tenemos con nuestros padres o nuestros hijos en las que no le damos importancia necesaria a los sentimientos.

Mientras que la negligencia activa se vive cuando son cosas que necesariamente deben proporcionar, las niegan con un fin de causar angustia, por ejemplo dejar a los niños llorar incontrolablemente sin preguntarse qué sucede; no establecer una rutina necesaria para el niño cuando son óptimas para su desarrollo o negar atención médica si es oportuna y que te digan que no porque puedes recuperarte solo. Así pues, si alguna vez llegas a quejarte de lo que sucedía ya no simplemente es que lo que sientes no importa, sino que tus emociones se toman como ofensas, no se aceptan y debes modificarlas para que seas aceptado en esta dinámica ya que eres “muy sensible”.

Crecer con un discurso de invalidación genera dolor mental, “no me voy a poner a llorar por eso”, “esto no debería lastimarme”, detrás de este tipo de frases hay una persona que la primera vez que invalidaron fue lastimada y se sintió abandonada.  Tus palabras, sentimientos y vivencias son importantes, por lo tanto cuando no tienes la atención necesaria te creas una idea opuesta y piensas que no lo son. De manera errónea podríamos creer que las acciones violentas hacia nosotros deben contener insultos pero no siempre es así, no prestar la atención necesaria también es un acto violento. Hay que reconocer y hablar, para poder sanar.

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