La otra cara de la educación

Texto elaborado por Elí Ganem

La vida del niño siempre estará dirigida por las opiniones y decisiones de los adultos, afectando en su autonomía, libre albedrío y seguridad; así pues, como padres o adultos responsables, tenemos la obligación de enseñar y acompañar en el desarrollo del menor, sin embargo, en distintos contextos, la “educación” se tergiversa a “disposición” de los deseos y sentimientos de los niños, lo cual desde una posición de figura de autoridad, puede impactar significativamente en la vida del infante, en ocasiones para bien y otras no ¿Cómo diferenciar entre educación e imposición del poder parental? ¿Qué implicaciones negativas puede tener la imposición de este poder en la vida del menor?

Pese a no existir un manual, programa o clases que enseñen parentalidad adecuada, educamos de acuerdo a lo que vivimos y lo que creemos que es correcto. No obstante, el peligro y la prevención en consecuencia, han incrementado; por ese motivo, es fundamental tomar nuevas decisiones y evitar algunas de las actitudes que hemos tenido hacía con nuestros hijos; de este modo podremos prevenirlos de futuros abusos y acosos sexuales infantiles. 

Cabe destacar que algunas de las acciones que hacemos, en su mayoría, son meramente aprendidas ya que han perdurado de generación en generación sustentándose en pensar que el mayor está bien, el menor mal y en consecuencia, tiene que obedecer. 

Esta lógica proveniente de ideologías expuestas por la sociedad, afecta en ocasiones el deseo del niño, impactando en su toma de decisiones y su libre elección de vinculación emocional, en este fenómeno mejor conocido como “adultocentrismo” se puede observar; ya que se refiere a una relación asimétrica entre las personas adultas, que ostentan el poder, y otras personas de otro segmento (niños, adolescentes y adultos mayores). Con los pequeños, la mayor desventaja es que han tenido poco contacto con el mundo y su relación con éste, depende de la que los padres les presenten.

En este sentido, ¿Cómo entender la separación entre el ser permisivo al grado de no educar y el violentar los deseos y peticiones del infante? 

Un ejemplo claro: Cuando obligamos a un pequeño, a pesar de haber expresado genuinamente que no deseaba hacerlo, ya sea al momento de dar un beso a la tía lejana, abrazar al abuelo que casi no ven o ser sumamente atentos con la vecina que no recuerdan, pero ella asegura conocerlos, damos pie a que el niño obedezca a cualquier adulto que le exija una prueba de afecto, pues en su cabeza se forma la idea de ser “malo” si no obedece, llevando a la gente abusiva a aprovecharse de esta idea llena de miedo.  

Como padres no queremos quedar mal con nuestros conocidos o familiares, cometiendo el error de dar un mensaje incorrecto a nuestros

hijos. Convendría platicar con ellos, escuchar por qué no desean hacer las cosas y ver si la justificación es válida

Recordemos que el ser un crío no es antónimo de ser humano y así como nosotros, habrá momentos en los que se sienta indispuesto, no se sienta cómodo con la persona en cuestión y eso debe de respetarse. Si nosotros mismos no besamos, abrazamos, ni tenemos contacto físico con personas que no nos dan confianza; no obliguemos a los niños a hacerlo. Aprendamos a no abusar del “poder paternal” para hacerlos sentir incómodos y acorralados.

Es importante mencionar que pueden existir arranques o berrinches que reflejan mala educación y ahí se debe de educar, poner límites y dar estructura. Es primordial diferenciar entre educación y forzar a que utilicen su cuerpo para darle una respuesta a otro adulto. 

Los besos, los abrazos, las caricias, sentarse en el regazo de un adulto y más,  cuando es forzado o cuando se ignora la petición de no desearlo, se cae en el error. 

El niño experimenta pensamiento, fantasías y deseos eróticos los cuales aún no tienen la capacidad de expresar verbalmente por el vocabulario adquirido limitado ni tampoco tiene conciencia total de estos, justamente porque está apenas conociendo el mundo y su propio cuerpo, al igual que está aprendiendo a relacionarse. Cuando un niño es abusado sexualmente pasa por procesos distintos a lo que vive una persona adulta; en primera, su cuerpo no está preparado biológicamente para recibir una penetración, lo cual puede causar bastantes daños internamente y en segunda, el daño psicológico. Si ya de por sí, ser abusado es traumático, ahora para un niño que apenas está conociendo el mundo es aún peor; no comprende lo que está sucediendo, no tiene las palabras para expresar la incomodidad, el dolor y el asco que siente. Se puede llegar a sentir enojado y desprotegido. El enojo que siente puede expresarse hacía el exterior, pero al mismo tiempo enojado consigo mismo, se crea una idea dividida: no desea “ser malo” y por eso obedeció. Pero no comprende porqué se siente mal y siente que algo no estuvo bien, después de haber obedecido esa indicación.

Como posible solución para evitar sentirnos incómodos con nuestros conocidos, convendría invitar al pequeño a que salude siempre con distancia y respeto. Ya si el niño desea abrazar, dar cariño, permitirle hacerlo. Los niños aunque están apenas conociendo el mundo, se percatan de mucho y vale la pena escucharlos. 

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