El hueco de lo que ya no es – Elí Ganem

Ilustración y textos realizados por Elí Ganem

¿Cuántas veces hemos extrañado algo que ya no existe, alguien que ya no está?

Tendemos tanto a la añoranza, sin pensar que realmente lo que verdaderamente extrañamos es la imagen fantástica que nos creamos en la cabeza. Re-pensamos escenarios que vivimos anteriormente sin concientizar que estos están alterados por nuestros sentimientos de aquel momento. Incluso hipotetizamos con nuevas formas de actuar, ¿qué hubiera pasado si hubiera dicho/hecho esto distinto? Y para dar respuesta a esas incógnitas que nos generamos, creamos más fantasías, en su mayoría con esta connotación positiva. Pensando que de haber actuado distinto… seguiríamos en una relación amorosa con esa persona; hubiéramos valorado más el tiempo con aquella persona que falleció; seguiríamos con el trabajo que teníamos, no se hubieran terminado amistades… pero la realidad es que no es así,  no puede haber un cambio intrínseco en nuestras acciones, cuando no hay una concientización de lo que hacemos y cómo lo hacemos. 

Pensar en el pasado o en “qué hubiera pasado” es más común de lo que parece, y tal vez ocurre porque es más sencillo pensar en algo que ya ocurrió que afrontar la incertidumbre que presenta lo desconocido. Es cierto que habrá matices y que cada ser humano vivirá la falta de manera distinta. Algunos se encapsularon en el recuerdo, otros lograron avanzar, no obstante el vivir el duelo de lo que la falta representa es algo por lo que todos pasamos. 

Es necesario vivir el duelo, darle oportunidad al vacío que se genera, experimentar lo que provoca y entender lo que representa ese espacio; pero también es necesario permitir el proceso de soltar y sanar, soltar el pasado, para dar pie al futuro.  

Y con lo mencionado, no se busca ni sugiere que ese vacío se llene con un reemplazo, aunque es algo que comúnmente se hace. Reemplazamos una adicción con otra menos agresiva; cambiamos a una persona por otra, pasando de relación en relación; llenamos la falta de un fallecido con actividades nocivas. Invalidamos el sentimiento de vacío con recuerdos y escenarios inexistentes. Reemplazamos todo porque no hemos aprendido a vivir con esa falta y de la mano va el desconocer que ese vacío es inofensivo. 

Tratar de revivir acontecimientos, sentimientos, escenarios, experiencias solo genera más dolor, porque lo que ya pasó, no volverá a pasar. Las cosas y sentimientos no se pueden repetir, porque somos personas en constante evolución y cambio, por eso aunque tratemos de estar con las mismas personas que forman parte de esos pasados que anhelamos, nada vuelve a ser igual. Y antes de entender que no sucede porque es imposible, nos frustramos porque queremos recuperar lo anteriormente vivido, sin pensar que ese vacío se generó por algo, y de ahí algo nuevo puede surgir. 

El vacío podría ser una oportunidad para sentar cabeza, centrarnos y buscar congruencia en lo que pensamos, entendernos y de cómo actuamos. El vacío podría fungir más como enseñanza que como una penitencia. La pérdida claro que duele, pero cada hueco que se ha generado en nuestro interior, debido a la partida de una persona o la falta de una situación, nos enseña algo, por más mínimo que sea, solo es cuestión de hacer conciencia interna de esos cambios que estas faltas han generado. Ya sea que te hizo más puntual; menos egoísta hacía con quiénes te rodean o con tu persona; más empático/a; te empezaste a priorizar; empezaste a valorar aspectos que antes no valorabas tanto; empezaste a decir lo que sentías cuando lo sentías, antes de callar; te volviste más responsable o en su defecto, te permitiste disfrutar de las cosas y ya no eres tan rígido/a ; tuviste más fé; dejaste algún vicio o te animaste a probar cosas nuevas; aprendiste a agradecer; a no dejar cosas para mañana; comenzaste a recordarle a quienes quieres, cuánto los quieres; empezaste a valorar más. Esos vacíos, cuando les permitimos ser y hacer, cuando vivimos el proceso, posteriormente se interiorizan en nuestra persona, transformándose en pequeños cambios como los mencionados, o en muchos otros. 

No se puede aprender o hacer cambio de algo que no se ha comprendido y el vacío muchas veces funge como esa enseñanza. Tratemos de darle lugar a aquello que duele, brindarle la oportunidad de expresarse ya que de la falta se aprende, uno se fortalece y sobre todo, se reconstruye. Y recuerda, no es una enseñanza para vivir en los escombros de algo que ya no está, sino para construir un nuevo panorama.  


Sobre la autora

Elí Ganem es mexico-libanesa y tiene 27 años. Es Licenciada en Dirección de Arte  por Miami Ad School (México-Madrid) y Acupunturista y MCIsta Cuálico Integrativa. Actualmente estudia la Licenciatura en Psicología por el Centro Eleia. Asimismo cuenta con un diplomado en “Femenino – Masculino”, por el Centro Eleia. Es una apasionada en el Psicoanálisis, la Mente Criminal, las Leyes, la Arquitectura, el Diseño, el Arte, y los árboles. Pinta desde hace 10 años por lo cual busca implementar el arte y la psicología en sus actividades. Desea ser una psicoanalista integral.

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Un comentario sobre “El hueco de lo que ya no es – Elí Ganem

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  1. Acertadas sus palabras y en un momento adecuado a lo que estoy viviendo. Precisamente dejé el trabajo, pero eso me permitió acercarme a mi familia, lo cual he disfrutado mucho. Y hace mucho tiempo, estuve enamorada de alguien que me dejó un vacío del que me costó trabajo aprender. Me encantó su escrito.

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