La construcción del tiempo en la experiencia analítica

Texto elaborado por Giovanna Nieto

Dentro de la práctica clínica psicoanalítica, hablar de la historia de un sujeto implica atravesar por su propia temporalidad. El ser en el tiempo, dentro de lo cotidiano marca la constitución de lo instantáneo. Pero, ¿qué es el tiempo? Como seres sociales, estamos sujetos a un tiempo medible, regido por la organización del orden cultural occidental.  Un tiempo consciente y conveniente, sin embargo, el concepto de tiempo atraviesa los marcos teóricos del psicoanálisis y la filosofía.

Pensar en el tiempo dentro de la clínica psicoanalítica, evoca pensar en el proceso del cómo transitan los acontecimientos en la vida del paciente, cuando Freud anuncia esta relación entre el tiempo y la psique señala que: “el presente revela la estructura subjetiva gestada históricamente, del pasado de indudable significación cuyo acceso a la memoria ha sido vetado (reprimido), devienen patógenos al presente… Lo anteriormente vivido no fue traumático; lo traumático es la conexión actual entre un acontecimiento presente y aquellas representaciones, ahora reprimidas , referidas al pasado”.[1] Es entonces que el sujeto queda expuesto ante su propia temporalidad en el espacio, en lo que deviene como lenguaje. Al referir Freud esta relación qué entra en funcionamiento con el aparato psíquico, se refleja la temporalidad psíquica que hay en un momento donde aparecen las percepciones, otro del reconocimiento y un último en la significación de las percepciones. Esto aparece en un tiempo a posteriori, es decir, la  diferencia en la temporalidad abre la oportunidad a la significación que llega después de la percepción.

El tiempo se genera en un espacio que es consciente, y que el inconsciente ignora, la representación abstracta que tenemos del tiempo está situada en el  preconsciente, ahí donde nada es pasado ni olvidado, todo aquello aparece en el presente al que es invocado.

Así vemos que el tiempo constituye la existencia misma de las cosas tal como son percibidas. Bien lo dice Kant al hablar de la fenomenología del tiempo: todos los procesos anímicos son atemporales, se dice coloquialmente, el corazón no sabe de tiempos ni distancias.

Dentro de la experiencia psicoanalítica se da lugar a la subjetividad, ahí no transcurre el tiempo del paciente ni el del analista, como lo vimos, deviene un tiempo psíquico, que es atemporal y asincrónico. Mediante el lenguaje se otorga lugar actual a los acontecimientos que van quedando expuestos en la circulación de la palabra. Las paredes de los consultorios son testigos de esa atemporalidad,  donde el devenir del sujeto mediante significantes posibilitan un efecto, la movilidad.

 La tarea del psicoanálisis es otorgar en el sujeto la posibilidad de ser re-conocido, así se deja entrever para el analizado, la advertencia de que la necesidad del pasado no es más que una ilusión.

En suma relación, el recuerdo es real pero lo recordado pertenece a un orden de realidad diferente de los acontecimientos espacio-temporales, mucha de esa construcción de lo real se constituye a partir de fantasías y del deseo, este último al estar reprimido no parece someterse a la temporalización, mas bien va en conjunto en el orden de lo actual, lo que se crea en el instante (elaboración) y se organiza.

Hay acontecimientos que no aparecen ni se logran conscientes, Por ejemplo, en el  sueño, que se ve como un campo de ilusiones donde el  tiempo no transita de manera cronológica y el deseo se desata sin contradicción, aun así, queda algo latente que yace en el lugar del preconsciente que deja rodeando al deseo. Entonces, hay una vertiente fuera de la cronología,  el orden de la naturaleza y de la vida no obedece precisamente el orden lineal y aun así no deja de ser un movimiento lógico. Se puede decir que el tiempo se vuelve un objeto del cual el sujeto busca apropiarse.

No cabría más que permitir que se efectue movilidad, volviendo a Freud, la movilidad crea temporalidad, donde a diferencia del tiempo tal como lo refiere Heidegger la temporalidad produce al sujeto, no como acto si no dentro de él mismo.

Siguiendo lo anteriormente expuesto, el principio y el fin se vuelve una sola cosa, el pasado interviene en la actualidad pronóstica y advierte del destino, para el sujeto pensarse como parte de la existencia de algo cíclico, de saberse finito, lo vuelve un malestar, uno de los elementos que buscan hacerse comprendidos es “el destino de la muerte” el fin de la temporalidad, del que ningún ser humano queda exento. Ahí en la imposibilidad de alcanzar lo posible es donde todos quedamos expuestos irremediablemente a la falta.


[1] Freud, S. (1897).La etiología de la histeria. Buenos Aires. Amorrortu. T III. pág. 216


Sobre la autora

Giovanna Nieto es Licenciada en Psicólogía por la Universidad de Londres en 2019. Cuenta con formación psicoanalítica en diversos espacios desde el año 2020. Practica acompañamiento terapéutico con pacientes psicóticos principalmente. Actualmente forma parte del Foro Psicoanalítico Mexicano. Su campo de interés en la investigación  yace en el estudio de la subjetividad del sujeto y las reconstrucciones psíquicas. Tiene una gran pasión por la filosofía, el arte, la naturaleza  y la comida, además de ser música.

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